Esa noche no se porqué olvidé cerrar esa venta. Una lámpara y un libro eran mis únicos compañeros en esa noche calurosa. El viento golpeaba la ventana una y otra vez llevándose mi atención de la apasionada historia que enseraban esas páginas de ese antiguo libro. Lo había encontrado en una tienda de antigüedades. El dueño de la tienda me dijo que perteneció a una de las primeras familias de aristócratas que llegaron a Éria en la época colonial. Había pasado de mano en mano hasta llegar a su tienda de la mano de una psiquiatra. La mujer le regaló el libro muy perturbada, y desaparecido de inmediato. No me dio más detalles sobre el libro, que contaba una historia que estaba inconclusa. No tenía un orden muy definido, y por lo que llevaba en la lectura, era una recopilación de historias macabras de muerte y dolor. Venganza, odio, lujuria, fetiches, llenaban las hojas del espeluznante libro, que por curiosidad, y casi placer, no podía parar de leer. Creo que la última vez que ví la hora, fueron las cuatro de la mañana. Me levanté a cerrar la ventana y aproveché de ver la hora, para ver si podía preparar algo para comer. Cuando enciendo la luz de la cocina, mis ojos se encojen rápidamente por la luz intensa, la cual no habían visto hace un buen rato. Miro el reloj que está sobre el refrigerador y quedo espantado.
Una veinticinco. Mi mente tardó en procesar la información que entregaba el reloj. Quedé sorprendido, y comencé a preguntarme si no me había pasado antes, mientras leía el libro. Sacando las cuentas, miré el calendario y supe que perdí tres días leyendo el famoso libro sin parar. Día y noche ya no significaban nada con tal de no perderme ninguna línea, párrafo, capítulo e historia que encerraba este libro misterioso. Me devolví a la habitación donde leía y me senté nuevamente en el sofá. El libro me esperaba para que siguiera recorriéndolo con mi mirada. Revisando cada detalle que en sus hojas estaban escritos, cada detalle de martirio, sufrimiento, miedo, locura y celos que finalmente en todas las historias llevaban a los protagonistas a un encuentro con la muerte. Las luces habían desaparecido de los pasillos de mi casa, cuando volví a sentarme y leer con la cómoda luz tenue de la lámpara. Las últimas páginas del libro quedaban por delante y en mí unas extrañas ansias por terminar de leer el libro. Sin título en la tapa, el libro no presentaba ningún detalle vistoso, y de hecho era bastante feo, pero era su interior, su contenido fue el que me sedujo y me mantenía atado a él. Podía sentir como mis ojos se abría y cerraban con entusiasmo cuando comencé a leer el último capítulo. Extrañamente todos los capítulos, desde la mitad hacia delante, se llamaban así. La historia anterior se trataba sobre una mujer que sucumbía ante la locura tras años de convivir con ella, y moría de una forma escalofriante; mientras volvía a su hogar manejaba su automóvil segura de que alguien la seguía. Como de costumbre, cambió de camino para volver a casa, consumida por la paranoia, pero no se fijó que entró en una calle en contra del tráfico. Mirando hacia atrás chocó contra un vehículo, saliendo disparada por el parabrisa, quedando incrustada en el automóvil con el cual había colisionado. Terrible forma de morir. Este nuevo “ultimo capítulo” comenzaba con un tipo cegado por la pereza entrando a una tienda a comprar algo que lo distrajera de su monótona vida. Se dedicaba a leer, mirar y entretenerse con la vida de los demás. El morbo de saber como vivían los otros era su mayor enfermedad. Cuando encontró el deleite máximo de su fetiche quedó solitario en su hogar presa a su más grande temor, la soledad.
En ese momento dejé de leer para detenerme a oír los ruidos de la casa, pero no escuché nada, la oscuridad se comía todo lo que me rodeaba, dejándome como defensa la tenue luz de mi lámpara. Continué leyendo hasta que pasé la página y descubrí que estaba en blanco, igual a las que seguían. No comprendí de qué se trataba hasta que de pronto golpes suaves comenzaron a oírse en la puerta de la habitación. En el pórtico apareció de repente un espectro, que sin más pronunció unas pocas palabras:
-Vengo por tu alma, tu pecado te ha llevado hasta mí.
Desconcertado y lleno de miedo no supe que responder. Solo atiné a decir unas cuantas palabras.
-¿De qué me estas hablando? ¿Quién eres tú?
-Tu Voyerismo es lo que me llamó y el libro es tu condena. En él serán escritos tus últimos minutos de vida.
De un de repente aparece una gran guadaña y me ataca con ella. Salto a un lado del sillón, quien recibe el golpe en seco, y corro por la puerta hasta el comedor, ahí el ánima me sigue con un caminar fuerte y pesado.
-No serás el primero y el último en caer ante el peso de tus propios fetiches insignificante hombre. Cientos como tu han sido atrapados por el libro. Este será tu último capítulo.
-No, espera, prometo que cambiaré, dame otra oportunidad, yo solo quería pasar el rato, entretenerme.
-Claro, encontraste el placer con la desdicha de los demás, y ahora no quieres pagar el precio. Será agregado al libro como parte de tus culpas.
Mientras rogaba por el perdón la vendita ventana que tanto me molestó hace uno momentos atrás se rompe para dar paso a una figura humana. En su brazo brilla una figura cuando comienza recitar algo en una lengua extraña, una lengua que no había escuchado nunca. El espíritu que me asechaba retrocedía hasta la habitación en la que se encontraba el libro llenando se luz algunos objetos que adornaban mi casa. Un destello se perdió en lo profundo de la habitación mientas que yo llegaba hasta ahí para ver lo que sucedía. El hombre tomaba con sus manos el libro y dibujaba sobre él una figura, el mismo signo que brillaba en su brazo.
-Quema este libro junto con tu reloj, y un par de cuadros. Al parecer tienes muchas cosas que llaman a espíritus que no pueden descansar en paz – me dijo mientras me entregaba el libro maldito y me miraba directamente a los ojos – deja de comprar cosas en tiendas de antigüedades.
-Gracias…gracias por salvarme de esta horrible muerte – atiné a decirle mientras abría la puerta para irse – pero… ¿Quién eres?
-Poul Morgan, experto en casos paranormales. Espero no tener que verte nuevamente. Ah, y recuerda quemar el libro con un unas cuantas cruces de madera, eso ayudará bastante.
Saliendo de la casa, esta me paresia un lugar más seguro, y más confortable. Miré hacia a fuera mientras encendía las luces de mi casa y la figura de ese hombre se perdía en una noche oscura y profunda.